Cultura

Un poco de arte como colofón del empacho de Picasso – The Objective


El 50 aniversario de la muerte de Pablo Picasso nos ha dejado un empacho importante. Aparte de lo ya repetido hasta la saciedad, lo más novedoso ha sido el protagonismo, cultura woke mediante, de cuestiones colaterales a su genio, como los detalles de su vida sentimental y la posibilidad/necesidad de cancelación retrospectiva de su obra como castigo. 

Entre lo demasiado convencional y lo demasiado periférico, la resaca de los fastos nos deja en el estreno de 2024 dos magníficas exposiciones que intentan explicar de dónde vino, dónde está y a dónde va el genio malagueño. Artísticamente. Otras facetas también importan. O no. Que cada uno decida. Pero nadie podrá discutir esta: la importancia de la obra de Picasso en la historia del arte.

El Thyssen-Bornemisza mantiene hasta el próximo día 14 la muestra Picasso, lo sagrado y lo profano, una interesante comparativa de las obras del homenajeado con los clásicos que lo inspiraron en su fascinante búsqueda en los abismos interiores del ser humano. Una visión de lo sagrado no centrada en el contenido espiritual, sino en la energía interna a la experiencia que da lugar a la explosión formal de la expresión.

Picasso, un poeta tras los pinceles

Esa dimensión lo llevó más allá de las religiones convencionales, con fructíferas incursiones en las culturas primitivas, pero alcanza especial fuerza cuando engancha con su propia tradición. Así, destaca la intrigante comparación del Hombre con clarinete con Cristo abrazando a la cruz.

Picasso, La crucifixión, 1930. | Maestro de la Virgo inter Virgenes, La Crucifixión, c. 1487.

En el primer cuadro, pintado por Picasso entre 1911 y 1921, la intensa expresividad de un motivo tan profano se intuye abstraída de la contemplación del segundo, creado por El Greco entre 1587 y 1596. Casi cuatro siglos de una maceración que precipita el genio revolucionario.  

Aunque a veces Picasso no se molesta en digerir completamente el motivo religioso. La crucifixión de 1930, por ejemplo, adapta a su propio laberinto de símbolos y peripecias geométrica toda la imaginería de la pintura del mismo nombre que ejecutó el Maestro de la Virgo inter Virgenes en 1487.

En total, la exposición enfrenta 22 obras de Picasso –a las ocho que pertenecen a las colecciones del museo se suman varios préstamos del National Picasso-Paris y de otros coleccionistas e instituciones– con otras 16 de autores de la categoría de El Greco, Rubens, Zurbarán, Van der Hamen, Delacroix, Pedro de Mena (representado por una escultura) y Goya.

Picasso: Hombre con clarinete, 1911-1912. | El Greco: Cristo abrazando la cruz, c. 1587-1596.

Este último comparece con grabados como ¡Duro es el paso!, estampa 14 de Desastres de la guerra. El dolor de la patria ensangrentada por un cainismo inveterado pasa por la sensibilidad de Picasso para convertirse en obras maestras como Madre con niño muerto, un postscripto del Guernica.   

La muestra se estructura en tres tramas temáticas. La primera, «Iconofagia», es la que más directamente aborda la apropiación de motivos de autores del pasado; «Laberinto personal» profundiza en la forma específica de la reelaboración de los mitos y epopeyas clásicas, y «Ritos sagrados y profanos» juega con el acercamiento a ritos, alegorías y cosmologías tanto paganas como cristianas.

Velázquez invita a Picasso y Carmen Calvo

Un mes más, hasta el 15 de febrero, se puede disfrutar de otra interesante aproximación a Pablo Picasso. Más narrativa, más parecida a una historia que la del Thyssen gracias el inteligente hilo argumental elegido. Bajo el peculiar título Diego Velázquez invita a Pablo Picasso… y Carmen Calvo, la Casa de Velázquez ha organizado una conversación abierta entre las obras gráficas de Picasso y las de su antecesor en el Olimpo del arte español, Diego de Velázquez, y una aspirante a sucesora, Carmen Calvo.

Pablo Picasso, Las Meninas. Canes, 1957.

Fotografías de archivo, cartas y documentos audiovisuales obran el milagro. En 1957, Picasso dedicó varios obsesivos meses a exprimir la inspiración que le brindaba la contemplación de Las Meninas. El resultado fue medio centenar de obras, entre ellas una de las más emblemáticas de su carrera: su particular versión del cuadro. Carmen Calvo siguió sus pasos en 2018 con una serie de tarjetas postales modificadas tituladas El tiempo que apasiona y en las que expresa el efecto en su intimidad del mismo motivo, tanto desde la perspectiva del original de Velázquez como desde la de las interpretaciones de Picasso.

Fruto de la colaboración de la Casa de Velázquez con el Museu Picasso de Barcelona, la muestra se estructura en dos secciones complementarias. Los organizadores describen la primera, más documental y didáctica, como «un despliegue en tres dimensiones del libro Diego Velázquez invita a Pablo Picasso». Mediante textos selectos, reproducciones de cuadros, fotografías de archivos, cartas y documentos audiovisuales, los visitantes se adentran en «en esta filiación tan peculiar que se tejió entre Velázquez y Picasso, especialmente durante aquel verano-otoño del 1957 que dió lugar a Las Meninas».

Carmen Calvo, postals de la sèrie El temps que apassiona, 2023.

La segunda se articula desde un recopilatorio excepcional de la serie El tiempo que apasiona de Carmen Calvo, enriquecido para la ocasión con 110 nuevas postales. En palabras de Emmanuel Guigon, comisario de la exposición, «son trampas para la mirada. Lo que aquí se muestra es lo disimulado, lo que escapa precisamente a aquello que podría hacerlo visible. Es sin duda un trabajo poético, el poder de cada objeto para convertirse y ser, y de cada cosa para transformarse en otra».

Aún tenemos, por lo tanto, dos ocasiones de ver a Picasso enfrentado a los monstruos que de verdad cuentan desde la perspectiva propiamente artística. No es que los otros –los personales, sociales, políticos, etc.- no tengan importancia. Pero son otros: no lo olvidemos. También podemos ponerlos a todos a bailar y sacar conclusiones… Sin cancelar ninguno.



Source link

Andres Castro

Sumergido en el abrazo apasionado de las palabras, soy Andrés Castro, un Autor Bloguero que teje historias que vibran con la esencia de la vida. Mi travesía en la Universidad Francisco de Vitoria moldeó mi pluma con una paleta de colores ecléctica. Como un cronista moderno, mis escritos surcan desde los campos deportivos hasta los motores rugientes del automovilismo, desde la vanguardia tecnológica hasta el latido constante del mundo de los negocios, y desde las raíces culturales hasta los horizontes de la creatividad. Cada palabra es un pincelazo de autenticidad, tejido con el hilo de la transparencia. Únete a mí en esta travesía donde las páginas se convierten en lienzos de emoción, donde el deporte comparte espacio con la velocidad, donde los engranajes de la tecnología se conectan con el fluir de los negocios y donde la cultura se despliega como una paleta de colores infinita.

Related Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back to top button