Religión y Espiritualidad

Conventos y hermandades, relaciones. Cuarta parte (de varias). Reyes Pro Jiménez – Arte Sacro


Continuamos esta serie de pequeños artículos sobre los conventos y hermandades de penitencia de Sevilla, sobre la vinculación y las relaciones que han existido en el pasado y que existen hoy entre estas instituciones.

Seguimos con aquellos conventos que desgraciadamente hoy no cobijan una comunidad monástica, pues sus edificios conventuales e iglesias cumplen otras funciones no religiosas, o incluso han desaparecido total o parcialmente, desdichadamente para nuestra Ciudad. En este artículo repasaremos de entre estos conventos los que se encontraban en Triana y extramuros pero cerca de las puertas de la muralla de la Ciudad; en una ubicación similar a la de otros que vimos anteriormente y que también se levantaban en las inmediaciones de las puertas pero en el interior del recinto amurallado.

 

Convento de San Agustín y Caños de Carmona, sobre 1863, óleo de F. Eibner 

Uno de los conventos más sobresalientes de Sevilla fue el convento Casa Grande de San Agustín, el principal en Andalucía de la orden de los agustinos. Fue fundado en el siglo XIII y ocupaba gran extensión de terreno extramuros y muy cerca de la Puerta de Carmona y del acueducto de los “Caños de Carmona” que abastecía de agua a Sevilla. Después de siglos de vida próspera y fructífera corrió la misma suerte que otros muchos con la Invasión Francesa en 1810, siendo los frailes expulsados y el edificio destinado a usos militares por franceses y después por españoles, así no fue devuelto a los frailes hasta 1814, pero a los pocos años sufrió la Desamortización en 1835 también como otros tantos conventos y posteriormente a esa fecha se convirtió en cárcel. Hasta fines del XIX tuvo distintos usos, como almacenes, cuartel de intendencia, mercado, etc, cuando derribó en parte para levantar viviendas.

Los derribos continuarían en el siglo XX y hoy solo se conservan el refectorio (con bóvedas de nervaduras góticas de arista en cantería), algunos vestigios del claustro principal y de la escalera cubierta con artesonado ochavado y la portada renacentista de Hernán Ruiz el Joven, que se encuentra desmantelada. Todos estos restos están en proyecto de integrarlos en la construcción de un hotel de lujo. Además se conservan algunas piezas artísticas en distintas ubicaciones, como pinturas (muchas de ellas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y otras fuera de España), los sepulcros de los Ponce de León (en el Panteón de sevillanos ilustres de la iglesia de la Anunciación), y paneles cerámicos del claustro principal del siglo XVI (en el Palacio de la Condesa de Lebrija en Sevilla).

 

Después de la Desamortización algunas imágenes del Convento se llevaron a la Iglesia de San Roque y por tanto serían destruidas en 1936 en el incendio provocado por fanáticos, víctimas de su incultura. Desaparecieron la Virgen de la Granada (anónima, del último tercio del siglo XVI) y el Cristo San Agustín.

 

Ultima salida del Cristo de San Agustín, plaza del Pan 1926 

El Cristo de San Agustín era una talla que podía datarse en el siglo XIV, constando su culto en el siglo XV; fue una de las mayores y más importantes devociones de Sevilla durante quinientos años, se recurría a Él en épocas de epidemias y sequias sacándolo en procesiones de rogativas y las clases sociales más elevadas de Sevilla eran miembros de su Hermandad. 

La extraordinaria popularidad de esta devoción la atestigua en “Rinconete y Cortadillo” (una de las “Novelas Ejemplares”) el gran Miguel de Cervantes, autor cuya vinculación a esta ciudad debe ser más amplia y popularmente conocida. En dicha novela breve (cuya lectura recomendamos) una vieja mujer que frecuenta el “Patio de Monipodio”, eje de los bajos fondos de Sevilla, dice “… tengo que ir a cumplir mis devociones y poner mis candelicas…al santo Crucifijo de Santo Agustín, que no lo dejaría de hacer si nevase o ventiscase”. Según Cervantes en Sevilla hasta los delincuentes tenían devoción al Cristo de San Agustín.

Desde que en 1835 la imagen gótica del Cristo llegara a la iglesia de San Roque salió en procesión, en solitario o con la Magdalena, y también con la Virgen y San Juan; normalmente el Miércoles Santo y desde fines del XIX cada diez años, siendo en 1926 cuando lo hizo por última vez. Después de que el Cristo fuese destruido en 1936 Agustín Sánchez Cid esculpió el actual replicando en todo lo posible el original gótico. En 1990 la Hermandad de San Roque incorporó la advocación e imagen del Santo Crucifijo de San Agustín como uno de sus Titulares. 

También extramuros pero muy cerca de una de las Puertas de la Muralla, en este caso la Puerta de Triana, se encontraba otro de los grandes conventos de Sevilla el de agustinos del Populo, de cuyos edificios hoy no nos queda nada. Los agustinos, en su rama de Descalzos originada a fines del XVI, fundaron en nuestra Ciudad en 1625 este convento que en principio se llamó de Santa Mónica (la madre de San Agustín). Pero pronto cambió su nombre por el de Nuestra Señora del Pópulo, al parecer por un hecho milagroso al salvarse un cuadro de la imagen de dicha Virgen de las aguas de la inundación de 1626 (una de las mayores que padeció Sevilla). Los religiosos agustinos descalzos inauguraron el convento en 1638, que como tantos otros también sufrió con la Invasión Francesa y con la Desamortización, fue convertido en cárcel en 1837, destino que tuvo el edificio hasta 1940, siendo entonces derribado. Sobre el solar se construyó el Mercado del Arenal (primero de Entradores, posteriormente de Abastos).

En su fachada podemos ver hoy un azulejo de la Virgen de la Esperanza de Triana de 1955 y otro de la Virgen de la Caridad del Baratillo de 1996. Pero el antiguo convento también es significativo para la historia de las hermandades de Sevilla pues en él residió durante desde 1754 a 1835 la Hermandad de los Gitanos, que se había fundado en el convento del Espíritu Santo de Triana un año antes, en 1753. Una placa cerámica colocada en el año 2003 en el Mercado del Arenal conmemora dichos años

  

Convento del Pópulo. Fragmento del grabado Entrada de Felipe V en SevillaPedro Tortolero, 1748.

  

El convento del Pópulo como cárcel, fot.anterior a 1940

 

Virgen del Pópulo, azulejo procedente del convento. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

En Triana existieron tres conventos, hoy desaparecidos como tales o incluso derribados totalmente, que tuvieron gran significación para la Historia y estrecha vinculación con Hermandades de penitencia: El Espíritu Santo, La Victoria y Los Remedios. 

El convento del Espíritu Santo, totalmente desaparecido y que no hay que confundir con el de igual nombre situado junto a San Juan de la Palma, fue fundado en la calle Larga de Triana (hoy Pureza) pero tenía fachada además a la calle Betis, al igual que la Casa de las Columnas, de la que estaba cercano. Según algunos autores se situaba en dicha calle Pureza y calle Luis de Cuadra y según otros en la manzana entre las calles Betis y Troya, aproximadamente donde está el colegio Cristo Rey. Este convento, de la orden de regulares San Agustín, estaba ruinoso ya a fines del XVIII siendo cerrado tras la epidemia de fiebre amarilla de 1800.

En él residieron varias hermandades, como la del Buen Suceso de pilotos de la Carrera de Indias, y se fundaron otras como la de Virgen de Guía y San Telmo, de barqueros y pescadores. Además se fundó la hermandad de penitencia de los Gitanos, en 1753 como hemos mencionado, pero tuvo que trasladarse al no ser autorizada por los religiosos del Convento; en la calle Luis de Cuadra se inauguró en el año 2003 un azulejo conmemorativo de esta fundación.

La Hermandad de las Tres Caídas se trasladó a este convento del Espíritu Santo en 1616, fusionándose con la Hermandad de la Virgen de la Esperanza que ya tenía en él su sede en una pequeña capilla. El crecimiento de la devoción y número de fieles hace que en 1676 la Hermandad pase a una capilla de mayores dimensiones donada por el convento, donde residió por sesenta años hasta que se trasladó a la Parroquia de Santa Ana.

 

Calle Betis, tarjeta postal con imagen de fines del s.XIX

 

El Convento de la Victoria, de frailes Menores, tuvo una gran importancia histórica, sobre todo en relación a la expedición de Magallanes y Elcano, pues en él se celebró el 2 de agosto del año 1519 el rito de la entrega de banderas españolas para las naves. Además, el 9 de septiembre de 1522 Juan Sebastián Elcano y otros diecisiete supervivientes rezaron ante la imagen de la Virgen de la Victoria, después de regresar a Sevilla en la nao Victoria tras dar la primera vuelta al mundo.

El convento se había fundado en 1517, pocos años antes de estos históricos hechos y se situaba en la Cava, actual calle Pagés del Corro. Sufrió un incendio a comienzos del siglo XVIII aunque fue restaurado y alcanzó gran prosperidad en dicho siglo. Pero en el XIX sufrió las nefastas consecuencias, tan repetidas en otros casos, de la invasión francesa, la Desamortización y la Revolución “Gloriosa”, siendo derribado a fines de siglo. En el solar resultante se levantaron edificios por los Paúles y posteriormente por los Maristas. Poco queda del convento en nuestra Ciudad, principalmente la citada imagen de la Virgen de la Victoria, del siglo XVI aunque muy reformada, hoy venerada en la Parroquia de Santa Ana y el Altar Mayor de fines del XVII que actualmente preside la iglesia de San Jacinto.

Varias Hermandades se fundaron o residieron en este convento de la Victoria. Algunas ya se extinguieron como la de la Entrada Triunfante en Jerusalén, fundada a mediados del XVII en el convento y en el que permaneció hasta la desamortización en 1835, trasladándose al cenobio de los Remedios, hasta que éste a su vez fue cerrado por la Revolución de 1868, perdiéndose después esta antigua hermandad de “La Borriquita de Triana”.

Altar Mayor, iglesia de San Jacinto, procedente del convento de la Victoria.

En 1560 se fundó en este convento la Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella y San Francisco de Paula, residiendo en una capilla propia que se levantó en terrenos cedidos por los monjes mínimos. En 1675 se unió a la Hermandad de la Estrella la del Santo Cristo de las Penas, Triunfo de la Santa Cruz y Amparo de María Santísima, que se había fundado unos años antes. La Hermandad de la Estrella y Las Penas tuvo su sede en el convento hasta el año 1835, cuando se trasladó a la Iglesia del Convento de San Jacinto obligada por la Desamortización.

En el año 1554 se aprueban las primeras reglas de la Hermandad del Cristo de la Sangre y Nuestra Señora de la Encarnación, pero sólo permanece dos años en el convento de la Victoria, pues pasó a una capilla en la cava vieja donde residió hasta 1868, cuando se ordena el derribo de la misma. La imagen del Cristo se llevó a un pueblo de la provincia y la Virgen de la Encarnación, la “Palomita de Triana”, fue trasladada a la Iglesia de San Benito, donde en 1921 se aprueban nuevas reglas de la Hermandad ya con sede en esta iglesia. 

El convento de Nuestra Señora de Los Remedios fue fundado por los Carmelitas Descalzos en el siglo XVI Ya en 1526 o 1540 (según Ortiz de Zúñiga o según Morgado) parece que fue fundada una ermita llamada de Nuestra Señora de Los Remedios, junto a la que en 1574 se construyeron las dependencias del convento por los freiles carmelitas descalzos. El convento sufrió varias inundaciones por su cercanía con el rio por lo que a mediados del XVII se construyó de nuevo pero en un lugar más elevado, a pesar de lo que siguió teniendo problemas de inundaciones durante el siglo XVIII.

Como tantos otros conventos y edificios religiosos padeció también las consecuencias de la invasión francesa, la Desamortización y Revolución de 1868, como tantas veces hemos de repetir desgraciadamente.  A resultas de todo ello en 1844 el convento casi había desaparecido, sólo quedaba la iglesia. En 1928 lo que había sobrevivido fue reformado por Juan Talavera para la sede del Instituto Hispano-Cubano (la iglesia se dividió horizontalmente en dos dependencias independientes), que en la Guerra Civil se destinó a albergar tropas alemanas. Posteriormente volvió a funcionar como Instituto Hispano-Cubano y en parte como centro de información de la Expo 92, siendo desde 1999 a 2020 Museo de Carruajes.

Convento de los Remedios, fotografía más antigua del siglo XIX, con las dos espadañas originales.

 

A los pocos años sólo tenía una espadaña, aún se ven las casas que continuaban la calle Betis

 

El convento tras las reformas de 1928, sin espadañas.

 

La parte superior de la iglesia, Instituto Hispano-Cubano, escudo carmelita en una de las pechinas de la cúpula

Como hemos dicho, la Hermandad de la Entrada Triunfante en Jerusalén, la “Borriquita de Triana”, residió en la iglesia del Convento de los Remedios después de la Desamortización de 1835 y hasta 1868. También en esta iglesia estuvieron las imágenes de la Hermandad del Santo Ecce Homo y Nuestra Señora del Camino, extinguida a mediados del siglo XVIII, que en el citado año 1868 fueron llevadas a la Parroquia de Santa Ana. 

A mediados del siglo XVIII, concretamente entre 1756 y 1776 la Hermandad de la Esperanza de Triana  residió en el Convento de los Remedios, después de pasar por la Parroquia de Santa Ana, pues la tuvo que abandonar en 1755 por las consecuencias del terremoto de Lisboa en la misma. A esta Parroquia se había trasladado desde su sede del Convento del Espíritu Santo como hemos visto antes, y volvió al mismo al abandonar Los Remedios, permaneciendo en la sede original desde 1776 a 1815 cuando ya se había cerrado el citado convento del Espíritu Santo y la Hermandad había construido una capilla propia.

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Reyes Pro Jiménez
Historiadora y bibliotecaria





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Javier Ortiz

Navegando entre las corrientes de la información con pasión y destreza, soy Javier Ortiz, un Experto en Artículos Web que teje palabras con la intensidad de un golazo en el último minuto. Mi paso por la Universidad Antonio de Nebrija templó mi pluma con el calor del conocimiento. Como un cronista de la vida moderna, mis escritos surcan desde los campos de fútbol hasta los extremos del deporte, desde los engranajes de la economía hasta los laberintos de la política, y desde los misterios de la religión hasta las alturas de la espiritualidad. Cada palabra es un punto en la red, tejido con la fibra de la autenticidad. Únete a mí en este viaje donde las letras se convierten en senderos de emoción, donde el fútbol comparte espacio con la adrenalina, donde el motor económico se conecta con el engranaje político y donde la esencia humana encuentra su refugio en el vasto mar de la espiritualidad.

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