Cultura

Cien horas de Hannah Arendt, Tania Bruguera y nosotros – El Mundo


La artista cubana convierte su última ‘performance’ en un maratoniano e intenso manifiesto contra el autoritarismo contemporáneo

El museo berlinés Hamburger Bahnhof acogió un acontecimiento de veras extraordinario entre el 7 y el 11 de febrero. Tania Bruguera, una de las figuras más importantes del arte contemporáneo, llevó a su sala histórica la performance Where Your Ideas Become Civic Actions (100 Hours Reading The Origins of Totalitarianism). Una mecedora, un micrófono y un ejemplar de Los orígenes del totalitarismo, el libro seminal de Hannah Arendt, fueron las armas con las que la artista cubana repartió munición en el epicentro de la batalla por la libertad artística que se está librando en una ciudad fundamental en la historia del arte.

Bruguera también buscó sanar y sanó. «¿A qué le tienen miedo?», preguntó algunas veces, con esa dosis de estimulante insolencia que pone en sus performances, cuando el público se retraía. La artista leyó Los orígenes del totalitarismo cada día, a las siete de la tarde y lo glosó con preguntas que encendían la conversación con el público. Y parecía incansable.

Bruguera hizo gala de su seña de identidad como artista, la misma que la ha llevado a bienales y museos de todo el mundo: identificó los problemas de las sociedades donde interviene y abrió la perspectiva; miró a los problemas de frente pero también desde el filo de otras aristas; con los ojos inyectados en sangre, pero también cargados de razón y ciencia.

Y el público de Berlín respondió. Fueron 100 horas ininterrumpidas. Con la natural paz en las madrugadas y la apoteosis en las noches o las tardes del fin de semana, cuando se llenaba el espacio y el micrófono pasaba de mano en mano. El mar de cojines lumaland en el que se tumbó el público daba a los antiguos andenes de la estación (desde aquí partieron trenes cargados de judíos a los campos de exterminio) la apariencia de las dunas de Stalker, la película de Tarkovsky. Un centenar de lectores se enfrentaron al texto, sentados en la mecedora o de pie junto a Bruguera. Nunca faltó una voz al micrófono. Fue un espectáculo alucinante de artivismo. La figura majestuosa de la performer crecía en el diálogo sobre la libertad artística, las guerras en curso, el peligro de la autocensura y las maneras en las que ejercer la participación política. Y siempre asomaba Arendt por allí, ora hablando del fascismo, ora de la estupidez de las masas, el antisemitismo y el estalinismo, la propaganda y la xenofobia.

JACOPO LAFORGIA

El diálogo quedó convocado desde el principio, cuando en la apertura de la performance, Tania, vestida de riguroso negro, leyó una lista de artistas que han sido censurados, desprogramados, desprovistos de fondos y becas. En Alemania. Con los directores flanqueándola. Uno de ellos, Sam Bardaouil, se preguntaría más adelante en uno de los tramos más memorables de la performance sobre la función de los museos nacionales y el reto que tienen para representar la pluralidad de una sociedad compleja.

La vieja pregunta rusa por el «¿Qué hacer?» aparecía en todas las bocas. Y el museo respondió. El diagnóstico fue claro. La libertad artística está en peligro. El fantasma que hoy recorre Europa no es el del comunismo, sino el de la cancelación. La mecedora que Tania trajo de La Habana, la misma donde leyó allá a Hannah Arendt, mientras la policía política hacía guardia en la puerta de su casa, sirvió para hablar de otros miedos, otras tentaciones autoritarias. De La Habana a Berlín, realidades y distintas unidas por la necesidad de plantar cara al Estado represor, a las instituciones cobardes que replican su poder disuasorio, a un público que asiste anestesiado a la realidad de la censura y la cancelación.

Hay miedo en Occidente porque lo posible ha sido sustituido por lo obligatorio y del artista se quiere que sea un animalito amaestrado para complacer, gruñir lo justo y agradecer con las orejas gachas y el proverbial rabo entre las patas, el plato de comida que le arrojan el museo, la institución, la empresa, o el ministerio. El arte ha sido encerrado en el corsé de la opinión; los artistas miran los barrotes de la corrección política como antes miraban a la tradición iconoclasta del arte y al porvenir que le soñaban a la virtud de su insolencia.

JACOPO LAFORGIA

«La Constitución nos dice que podemos manifestar libremente nuestras opiniones y las instituciones nos lo confirman, mientras nos dicen que no podemos hablar en sus espacios», dice Candice Breitz, una artista de origen sudafricano que dice vivir un segundo Apartheid en el mundo de la cancelación. Breitz vio cancelada una exposición en el Museo Saarland por su actitud contra el Gobierno de Israel. Su caso ha despertado una ola de indignación.

La escritora Masha Gessen voló desde Nueva York para leer a Arendt y hablar de la estupidez de Vladimir Putin, la cancelación, y la situación en Palestina. Gessen dijo que estos dos últimos años en los que ha estado escribiendo para The New Yorker sobre las guerras de Ucrania y, ahora, la de Israel contra Hamás, han roto la fe en el progreso en la que se crio. Y, sin embargo, también ella, como Tania, como tantos en el Hamburger Banhhof, dijeron al micrófono que sólo la acción colectiva conjura el amarre del bozal postdemocrático..



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Andres Castro

Sumergido en el abrazo apasionado de las palabras, soy Andrés Castro, un Autor Bloguero que teje historias que vibran con la esencia de la vida. Mi travesía en la Universidad Francisco de Vitoria moldeó mi pluma con una paleta de colores ecléctica. Como un cronista moderno, mis escritos surcan desde los campos deportivos hasta los motores rugientes del automovilismo, desde la vanguardia tecnológica hasta el latido constante del mundo de los negocios, y desde las raíces culturales hasta los horizontes de la creatividad. Cada palabra es un pincelazo de autenticidad, tejido con el hilo de la transparencia. Únete a mí en esta travesía donde las páginas se convierten en lienzos de emoción, donde el deporte comparte espacio con la velocidad, donde los engranajes de la tecnología se conectan con el fluir de los negocios y donde la cultura se despliega como una paleta de colores infinita.

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