Cultura

Un libro cuenta el regreso de Mercedes Sosa en 1982, un hito para la democracia y para la música – elDiarioAr.com


Mercedes Sosa volvió a la Argentina del exilio al que la había empujado la dictadura militar en febrero de 1982 para hacer diez shows en el Teatro Ópera. Fue un acontecimiento histórico por muchas razones. En principio, porque fue una señal clara de que la democracia, que llegaría al año siguiente, estaba cerca. Pero también fue valiosísimo para la música popular, que desde entonces fue otra.

El periodista platense Facundo Arroyo se propuso en Y un millón de manos que me aplauden – Mercedes Sosa y la vuelta de la democracia (Gourmet Musical) indagar más a fondo en cómo se dieron aquellos hechos, empezando por el último show que “La Negra” dio en el Almacén San José el 20 de octubre de 1978 en La Plata, que terminó con ella detenida, y terminando con un repaso pormenorizado del repertorio de esos recitales, que quedó reflejado en el disco doble Mercedes Sosa en Argentina, publicado unos meses después ese mismo año.

Aquellas noches hubo folklore tradicional y nuevo folklore, tango, rock, trova cubana. Y sonaron canciones que se volvieron himnos como “Solo le pido a Dios”, de León Gieco, “Como la cigarra”, de María Elena Walsh, o “Canción con todos”, de Armando Tejada Gómez y César Isella.

“Un repertorio seleccionado, estudiado y equilibrado en pos de una nueva forma de ver la música popular. Una cantante que, a través de su interpretación, genera una nueva composición total. Una fundadora de la fe de que ese movimiento en el arte era posible”, escribe Arroyo.

En diálogo con elDiarioAR, el periodista, nacido en 1985, cuenta cómo fue el proceso que desembocó en este libro y analiza el presente de la música popular argentina y su grado de politización, entre otras cosas.

-¿Por qué te interesó tanto este acontecimiento que ocurrió antes de que vos nacieras?

-Es un poco una linda vuelta de la vida, porque crecí escuchando en mi casa familiar a Mercedes. Mi mamá es fanática y además es profesora de danzas y mi papá es músico de música popular. Entonces, además del seno musical en el que crecí, Mercedes era una presencia muy fuerte. Por eso también le dedico el libro a mi mamá y el cuadro al que hago referencia es un cuadro que hay en el living de mi casa de Mercedes abrazando a mi mamá en uno de sus últimos shows de finales de los 90, principios de los 2000. Siento que ese cuadro fue la primera semillita de este libro y que terminó creciendo ahora porque yo al principio, como toda mi generación, crecí al fragor del rock argentino y toda la cultura pop. Y después me fue brotando desde adentro más mi perfil popular. La idea inicial del libro nace como una nota. Me la propone el editor de Billboard, Matías Ayerza. A mí siempre me parecía que faltaba sistematizar este hecho. Se contaba muy sobre la anécdota, que es lo que pasa mucho también en el registro periodístico del folklore. Hay muchos libros de anécdotas y poco rechequeo o poca info sobre esas anécdotas. Es solo confiar en los testimonios de época. Entonces era como que ahí mi neurotismo periodístico se activó. Y cuando salió publicada le fue tan bien a la nota que me terminó llamando Leandro Donozo, el editor de Gourmet Musical, y me dijo: ‘Facu, la nota es tema de libro’.


-Usaste mucho material de archivo, pero también hablaste con testigos de la época. ¿Te costó encontrarlos? ¿Cómo los elegiste? Entiendo que tu ciudad, La Plata, tuvo un papel ahí

-La verdad es que fue todo bastante fácil porque tuve buena onda con Fabián Matus (NdR: el hijo de Mercedes Sosa), que fue una de las primeras entrevistas que hice y después como que él me acompañó en el primer proceso del libro. De hecho, hasta estuvimos juntos en el 2019 en Cosquín Folklore, cuando le hicieron el homenaje a ‘La Negra’, que fue él a recibirlo. Y gracias a esa incipiente relación de amistad, también con Araceli (NdR: la hija de Fabián Matus), que andaba por ahí, no me fue muy difícil sumar todos los demás testimonios. Después, por otro lado, personas como León Gieco o Teresa Parodi, cuando les decís que estás haciendo algo sobre Mercedes Sosa y más o menos tienen alguna referencia tuya, no hay muchas barreras. Si es sobre Mercedes, está todo bien. En relación a La Plata, la ciudad tiene mucho peso con el foco de la historia y la historia en particular. Sobre todo porque la última vez que toca antes de exiliarse es en el Almacén San José y estaba bueno reconstruir eso. Y la mayor sorpresa del libro que es Martín Raninqueo (NdR: poeta y cantautor mapuche y veterano de la Guerra de Malvinas) como el hilo narrativo del capítulo tres fue producto de la investigación. Un día me apareció él por un privado de Facebook y me dijo dos oraciones letales: ‘Hola Facu, yo lo último que hice antes de ir a la guerra fue ir a ver a Mercedes Sosa y estando en las islas, una de las únicas cartas que mandé y que llegó fue la carta en que yo le pido a mi mamá que me compre el LP Mercedes Sosa en Argentina y fue una de las maneras de sostenerme simbólicamente desde allá’. Después de esas dos oraciones letales y de encontrarme con él en su casa y que me cuente su historia -yo ya la conocía, obviamente, porque Martín acá es bastante conocido-, fue medio inevitable elegirlo como hilo narrativo. Y a partir de eso también un poco surgieron las historias paralelas que fui eligiendo para cada uno de los capítulos.

-¿Te costó dar con todo ese material de archivo que usás?

-Me encantó el proceso de hemeroteca. Estoy muy agradecido con la Hemeroteca López Merino, de acá de La Plata, chiquita, pero muy simbólica, donde encontré dos de las notas que habían salido en Clarín, que no las podía encontrar en los archivos donde está el diario histórico de Clarín, ni en la Biblioteca Nacional. Una era, de hecho, la cobertura que hace Clarín. Esa foto famosa de ‘La Negra’ arriba del auto saliendo de Ezeiza en el remis contratado de Clarín con el periodista arriba. Y después la otra nota en la que Grinbank da cuenta de que quiere traerla acá a Argentina. Mercedes la lee y ahí empieza a decir que quizás era posible una vuelta, etcétera. Esas dos notas me costaron un montón y cuando aparecieron fueron increíbles.

-¿Por qué decidiste analizar canción por canción en el libro?

-Tengo dos explicaciones para eso. La primera es que hace tres años hago eso con los vinilos que reseño para la colección Vinilos de La Nación. Como tenía medio aceitada esa metodología, cuando pensé ese capítulo dije: tengo que hacer esto con el disco de Mercedes. Y la otra explicación es porque considero que ese repertorio es paradigmático y muy importante para la historia de la música popular argentina, porque se genera una de las primeras uniones de la música popular argentina en términos estéticos. Y más aún, no solo estéticos. Podemos decir en forma general que hubo folklore, tango y rock, pero también una visión de esos géneros. Porque, por ejemplo, Antonio Tarragó Ros y Raúl Barboza en ese momento, en aquel contexto, estaban discutiendo con la tradición del chamamé. Hoy forman parte de la tradición, pero en ese momento discutían. Y a veces discutir con tradiciones como la del chamamé es mucho más fuerte que discutir con la del tango, que también es súper dura. Entonces, no hay que dejar de lado eso también: la incertidumbre a la hora de pensar el repertorio de Mercedes y de estar buscando todo el tiempo lo nuevo. También lo hizo con el tango. Porque si bien hace “Los mareados”, un tango abocado a la tradición del período tango-canción, lo hace con Rodolfo Mederos. Y Mederos venía de tocar con Astor Piazzola y de hacer Generación Cero. Disrupción total. Tango Vanguardia. Y así con Charly García y con los mismos intérpretes nuevos del folklore como León Gieco y Julio Lacarra. Julio finalmente no queda, pero yo lo agrego como un bonus track por todo lo que cuento en ese apartado. Es toda una postura de Mercedes a la hora de plantear un repertorio. Está también el foco de la trova cubana. No agrega cualquier canción, agrega “Sueño con serpientes”. La vuelve masiva y de alguna manera genera el puente para que la trova finalmente llegue a tocar acá por primera vez un año después. Entonces, a través de las canciones también hay un montón de cosas para decir. Estas, por ejemplo, que estoy diciendo, pero también la importancia de ese repertorio como un hecho cultural histórico de quiebre. Para mí, por ejemplo, eso generó otro hecho como Alta Fidelidad, el disco que hacen después de 15 años Mercedes y Charly García, que es un disco que en su momento no fue muy bien tratado por la prensa, porque fue bastante caótico todo el proceso de grabación, etcétera, pero a mí me parece impresionante y creo que es la única vez en la que el ego de Charly, del maestro, queda en un segundo plano. Sin ir más lejos, lo presentan en Cosquín Folklore. Después de un bardo total y mucha resistencia por parte de la comisión y del público a que Mercedes haga eso. Pero ese disco se termina presentando ahí. Es como una vuelta.


-¿Qué pasa hoy con los artistas en relación a la política? ¿Creés que hay referentes con la fuerza que tenía Mercedes?

-De ninguna manera hay una referente con el peso de Mercedes en la actualidad. Lo que sí hay son artistas con otras características de otras generaciones, otro contexto y otra obra que sí se manifiestan como Lali Espósito, una pop star, o Marina Bertoldi, desde el rock. Menciono mujeres, que eso en la época de Mercedes no existía. Había muy pocas. Hoy hay muchas. Después, en términos más generales, no soy de los que reclaman que un artista se manifieste. Sí, obviamente espero que se manifiesten. Estamos en el siglo 21 y a partir de la segunda década del siglo, inevitablemente la nueva cultura juvenil está encuadrada en la música urbana y la música urbana de por sí tiene un vacío de contenido en ese sentido tanto en su música como en referencia a sus grandes exponentes. Sí las pibas, por ejemplo, Nicki Nicole y Cazzu laburan bastante la lucha feminista. Pero después los pibes, por ejemplo, Duki -voy mencionando así como las grandes cabezas fundadoras y las que son referencia- lo que hace es como una construcción más cotidiana. Es como si fuera un referente del folklore naturalista, un chalchalero. Pero la verdad es que están bastante flojos en relación a la época. Duki, que llena cinco estadios seguidos, hace más foco en sus declaraciones y en su música, en la familia, en la amistad, en el amor. Hay poca política en sus discos.

-¿Creés que existe la posibilidad de que los jóvenes se acerquen más al folklore o lo ves como algo muy difícil? ¿Creés que tu libro aporta en ese sentido?

-Creo que en el folklore, actualmente, por más que hayan proliferado algunas carreras de música popular en grandes ciudades del país no hay una gran renovación. Sí, obviamente hay artistas, como en todos los géneros. No sé. Pienso en Nadia Larcher, en Noelia Recalde. Pero en un momento con la generación de Aca Seca, etcétera, parecía que el folklore se renovaba de una manera espectacular con la academia incorporada, pero también con el regionalismo, pero eso no proliferó. Y ahora es como que proyectos como Don Olimpio o Triángula o los mismos Duratierra, que ya tienen 15 años de carrera, si bien a veces toman al folklore como puerto de partida, son una mixtura, son algo más. Ahí está la concepción digital de la música, el pop. El mismo Chancha Vía Circuito haciendo un disco con el Chango Spasiuk son como casos aislados que no se incorporan a un circuito tradicional del folklore. No van a tocar a las peñas alternativas de ahora en enero en Cosquín. En ese sentido, me parece que el nuevo tango argentino tiene más desarrollo en términos de jóvenes que el folklore. Y aún así tampoco es algo masivo. Hay un circuito de nuevo tango argentino. Pero no deja de ser una cultura alternativa actual. Me encantaría que el libro acerque a Mercedes a nuevas generaciones. El otro día, en la presentación oficial, una de las presentadoras fue Emilia Erbetta, que además de amigos yo la respeto mucho como colega. Ella no sabía nada de Mercedes. Yo lo hice a propósito. Quería que lea el libro, que descubriera el disco de Mercedes Sosa en Argentina y obviamente su participación fue una obnubilación total con el tema y con la música de Mercedes. Ahora es una neurótica de ese disco. Y la verdad es que he visto en el último tiempo algunas reivindicaciones a Mercedes en referentes jóvenes. De otros palos, otro contexto. No sé, Malena Pichot. Marilina Bertoldi cuando ganó el Gardel de Oro lo primero que dijo fue: ‘Hace 19 años ganó Merecedes Sosa, hoy lo gana una lesbiana’. Esos links son muy pocos, pero de repente vuelve la imagen de ella. Y si con este libro se genera eso, sería genial porque obviamente es uno de los objetivos. Esperemos que sirva para que nuevas generaciones conozcan a Mercedes. Para mí, además de un objetivo, sería un sueño.

“Raíces” fue un programa radial dedicado a la música de raíz de Argentina y Latinoamérica que la periodista entrerriana Blanca Rébori condujo durante más de 30 años en diferentes emisoras. Titulamos esta columna con ese nombre en homenaje a su labor.

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Andres Castro

Sumergido en el abrazo apasionado de las palabras, soy Andrés Castro, un Autor Bloguero que teje historias que vibran con la esencia de la vida. Mi travesía en la Universidad Francisco de Vitoria moldeó mi pluma con una paleta de colores ecléctica. Como un cronista moderno, mis escritos surcan desde los campos deportivos hasta los motores rugientes del automovilismo, desde la vanguardia tecnológica hasta el latido constante del mundo de los negocios, y desde las raíces culturales hasta los horizontes de la creatividad. Cada palabra es un pincelazo de autenticidad, tejido con el hilo de la transparencia. Únete a mí en esta travesía donde las páginas se convierten en lienzos de emoción, donde el deporte comparte espacio con la velocidad, donde los engranajes de la tecnología se conectan con el fluir de los negocios y donde la cultura se despliega como una paleta de colores infinita.

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